lunes, 1 de julio de 2013

Antes del anochecer (Before Midnight, Richard Linklater, 2013)




Título original: Before Midnight | Año: 2013 | Duración: 108 min. | País: Estados Unidos | Director: Richard Linklater | Guión: Richard Linklater, Julie Delpy, Ethan Hawke | Música: Graham Reynolds | Fotografía: Christos Voudouris | Reparto: Julie Delpy, Ethan Hawke, Seamus Davey-Fitzpatrick, Jennifer Prior, Charlotte Prior, Xenia Kalogeropoulou, Walter Lassally, Ariane Labed, Yannis Papadopoulos, Athina Rachel Tsangari, Panos Koronis | Productora: Sony Pictures Classic / Castle Rock Entertainment



La autenticidad filmada a tiempo real 

by Daniel Reigosa


Richard Linklater es un director de difícil catalogación. Capaz de filmar películas tan interesantes como Movida del 76 (Dazed and Confused, 1993) o la original (aunque cansina) A Skanner Darkly: Una mirada a la oscuridad (A Skanner Darkly, 2006), entre largometrajes con una clara vocación comercial como Escuela de Rock (School of Rock, 2003), mientras el director también encuentra tiempo para filmar una trilogía sobre un concepto tan universal como el amor, de la mejor manera posible. 

Antes del amanecer (Before Sunrise, 1995) nos mostró el primer encuentro entre Jesse (Ethan Hawke) y Céline (Julie Delpy) en un tren -símbolo de lo pasajero, de aprovechar las oportunidades- y de cómo pasaron la noche juntos a la espera de una despedida que sonó a definitiva. Nueve años más tarde los protagonistas vuelven a converger en Antes del atardecer (Before Sunset, 2004), esta vez en un fugaz encuentro (hora y media a tiempo real en la película) que pareció ser definitivo. La tercera entrega de esta apasionada trilogía supone un brillante conclusión, totalmente necesaria, en la que se explica la cara más amarga de la pasión: la rutina y sus efectos devastadores.

Si la primera entrega situaba a sus personajes en la romántica Viena en lo que a posteriori significó el inicio de su relación, en la siguiente la ciudad escogida para un segundo (y definitivo) encuentro fue París -la tan veces denominada "ciudad del amor"-, con lo que tiene mucho sentido que la tercera entrega (Before Midnight, 2013) discurra en la antigua Grecia, cuyas ruinas que han soportado el paso de la humanidad desde tiempos inmemoriales. Grecia simboliza como ninguna otra ciudad el desgaste de lo construido, de lo que una vez fue eterno, en este caso concreto el desgaste del amor provocado por el paso del tiempo -es simbólica la escena en que Jesse y Céline divisan desde el coche las ruinas que ansiaba ver su hija y deciden volver en otra ocasión, como queriendo aplazar un problema del que aún no eran conscientes-.

Linklater, como es habitual en cada entrega, utiliza en su narración un ingenioso guión cargado de frescos e ingeniosos diálogos, así como meticulosos largos planos secuencia tanto con cámara fija, utilizada en secuencias en las que los protagonistas se desplazan (autobús, barco, coche), como con un ligero travelling cuando la pareja pasea, acompañándolos en su viaje. El director, a través de estas dos herramientas principales (diálogos y planos secuencia) disecciona numerosos temas de actualidad, aparte de definir de manera precisa los rasgos de personalidad de los dos amantes.

Antes del anochecer respeta el paso del tiempo real entre los actores (al igual que Antes del atardecer) en clara coherencia con la ponderación de la constante tiempo en cada entrega. En cada película podemos ver cómo evolucionan los personajes tanto a nivel físico, como intelectual, cómo pasan de la ingenuidad de la primera entrega a la madurez de la última. Precisamente en esta última entrega el amor empieza a resquebrajarse, muestra la fragilidad propia del paso de los años, aderezada por la aparición de la rutina -que es una bomba cargada que espera al momento menos indicado para ser explotada- y los fantasmas del matrimonio anterior de Jesse.

La película cuenta con tres partes bien diferenciadas aunque prácticamente continuas en el tiempo. La primera nos revela el misterioso final de la segunda parte, nos posiciona en la situación actual de los personajes a través de un espléndido plano secuencia de más de diez minutos en el coche, tras dejar al hijo de Jesse en el aeropuerto, hasta la mansión de unos amigos en el sur del Peloponeso. La segunda parte, que consta de más planos, transcurre en la enorme casa, en la que el anfitrión y varios amigos matienen conversaciones trascendentales sobre sexo, amor o política mientras disfrutan de la gastronomía griega. En la tercera, un relajado paseo de la pareja protagonista en el que reviven escenas del pasado y cuyos diálogos ayudan al espectador a comprender a los personajes (en otro larguísimo en interesante plano secuencia) hacia un hotel donde pasaran la noche, acaba convirtiéndose en una catársis de sentimientos, donde los reproches, el desgaste de la vida diaria en común, las frustraciones y desengaños se convierten en aliados del grito y la pérdida de respeto. Se trata de una última parte totalmente ensordecedora, en un tranquilo pero constante in crescendo, que se convierte en uno de los relatos más certeros sobre la vida en pareja jamás rodados.

Sólo queda hablar de los actores, fantásticos en sus respectivos papeles, donde Ethan Hawke raya a la altura de una Julie Delpy siempre superior en anteriores entregas. Además, los interpretes repiten colaboración en el guión, lo que demuestra la implicación de éstos con sus respectivos papeles.

Probablemente la mejor historia de amor en el cine de los últimos tiempos, en la que cada breve historia sólo es entendida en su totalidad gracias a la siguiente y en la que se define el instante en la vida de una persona como una perfecta y detallada explicación del propio ser completo. Desconozco si habrá nueva entrega dentro de nueve años, pero la trilogía en la actualidad funciona de una manera precisa como pocas historias de la gran pantalla. 


jueves, 27 de junio de 2013

El hombre de acero (Man of Steel, Zack Snyder, 2013)




Título original: Man of Steel (Superman) | Año: 2013 |  Duración: 143 min. |  País: Estados Unidos |  Director: Zack Snyder |  Guión: David S. Goyer (Historia: David S. Goyer, Christopher Nolan) |  Música: Hans Zimmer, Junkie XL |  Fotografía: Amir Mokri |  Reparto: Henry Cavill, Amy Adams, Russell Crowe, Michael Shannon, Kevin Costner, Laurence Fishburne, Diane Lane, Ayelet Zurer, Christopher Meloni, Richard Schiff, Antje Traue, Jadin Gould, Tahmoh Penikett, Michael Kelly, Dylan Sprayberry, Harry Lennix | Productora: Coproducción USA-Canadá-Reino Unido; Warner Bros. Pictures / Legendary Pictures / Atlas Entertainment



Tortura Visual by Daniel Reigosa

La era digital ha cambiado la manera de consumir cine, es inevitable e innegociable. Con toda esta "nueva" tecnología debe ser complicado no caer en la tentación de ofrecer al público toda una orgía de sonidos e imágenes tridimensionales en cada película para compensar la incesante y preocupante falta de historias. Artificios contra el aburrimiento.

Por otro lado, si algún género cinematográfico ha dominado prácticamente todo el siglo XXI, con permiso de las manidas comedias románticas, es el de los superhéroes. Tras años de explotación de este tipo de historias uno debería suponer una cierta madurez del género, sin embargo la realidad es muy distinta -exceptuando algunos ejemplos como Los Vengadores (The Avengers, 2012) o El Caballero Oscuro (The Dark Knight, 2008)-. 

Estos dos factores -superhéroes y nuevas tecnologías- pueden resultar peligrosos en manos de un director amante de los artificios como Zack Snyder, responsable de haber llevado a la gran pantalla las adaptaciones de los cómics 300, The Watchmen o Sucker Punch. Si estas películas (de título homónimo a los cómics) ya se caracterizaban por ser planas adaptaciones con personajes vacíos, aunque gozaron de un enorme éxito comercial, poco podíamos esperar del regreso a la gran pantalla del superhéroe por excelencia. Lo único que nos incitaba a albergar algo de esperanza era la presencia de Christopher Nolan -algo así como el nuevo Rey Midas del cine americano- tanto en el guión como en la producción. Nolan también es un amante de los artificios pero, a diferencia de su colega Snyder, suele proponer algo diferente e interesante al espectador.

El Hombre de Acero (Man of Steel, 2013) pretende desvincularse por completo de sus precedesoras, empezando por eliminar la magnifica BSO que en su día creó John Williams (se echa mucho de menos) sustituyéndola por otro gran compositor actual, Hans Zimmer, aunque de manera más abusiva y omnipresente. Le sigue la remodelación del traje, uno de los pocos aciertos de la película (aunque se echa de menos un tono más azulado) ya que, hay que reconocerlo, el traje original, aunque lleno de color, parecía sacado de una tienda de disfraces de todo a 100. El nuevo uniforme parece acorde con un personaje de tal entidad y, en un alarde de coherencia, también es usado (un traje similar) por los villanos de la película, que no son otros que el General Zod y sus secuaces.

Pero tal es el grado de desvinculación que pretende establecer la película, que elimina por completo las virtudes que en su día atesoraron las películas de los ochenta. Mientras el Supeman de Richard Donner, interpretado por un inolvidable Chistopher Reeve, poseía esa calidad humana en su versión mortal (Clark Kent), rebosaba humor y tensión sensual (y sexual) con su compañera de aventuras Lois Lane, la nueva versión de Snyder propone un personaje plano, completamente alienígena y en el que la intrépida Lois es sustituida por una suerte del Robin de Batman (personaje odiado donde los haya). La búsqueda de identidad del nuevo personaje, algo característico de los filmes que llevan el sello de Nolan, parece abusiva y la vez superficial. Lejos queda la crítica al comportamiento humano propuesto por Donner, por medio del alter ego del héroe, que se muestra frágil y manipulado frente a la fuerte personalidad del superhéroe alienígena (aunque se ha potenciado de manera explícita y semiótica el vínculo religioso con la historia de Jesucristo).

Otro elemento eliminado en la nueva versión del hombre de acero es la sensación de volar que proponían las películas clásicas, algo con lo que hemos crecido la generación que pudimos ver alguna (aunque fuese la cuarta) en las salas de cine. El Superman de Snyder es supersónico, no planea, no deja esa sensación fantástica de libertad (en el recuerdo queda la escena en la que Superman lleva por primera vez a Lois por los cielos de Metrópolis).

Man of Steel peca de grandilocuente desde la primera escena, con una saturación de imágenes, música y planos por minuto (he llegado a contar en varias escenas más de un plano por segundo) que se hace cada vez más insoportable a medida que avanza la historia.   La película, en su primera hora, intenta narrar la historia de cómo Superman llegó a la Tierra tras escapar de la destrucción de Krypton, su planeta natal. Por medio de flashbacks (totalmente repetitivos y redundantes) el director nos va descubriendo la difícil infancia del niño Kent. El guión, que Nolan firma pero en que Snyder siempre tuvo la última palabra (como el discutido final que no revelaremos), peca de enrevesado y embarullado y no fluye con naturalidad. En la segunda hora, el director propone un espectáculo pirotécnico artificioso que acaba por descentrar al espectador, sacándolo definitivamente del filme. El exceso de épica en todas las acciones del superhéroe de la capa roja redunda en la previsibilidad del filme, y es que cuando todo se traslada al lenguaje de la épica, al final nada acaba siéndolo.

En algunos momentos es inevitable la comparación con la escena de la rehabilitación de Alex DeLarge en La Naranja Mecánica (Clockwork Orange, 1978) en la que se le obliga a ver un sinfín de imágenes mientras una siniestro artilugio le impide parpadear. El problema es que aquí el espectador representa el personaje creado por Kubrick e interpretado por Malcolm McDowell y Zack Snyder hace las veces de torturador. 

Se echa de menos a Mario Puzo (guionista de la película del 1978), a John Williams, a Donner y, sobre todo a Christopher Reeve (ya que el anabolizado Henry Cavill no da la talla y se queda a años luz del malogrado actor neoyorkino) y eso, en una adaptación en la que la tecnología debería funcionar a su favor, es un pecado. De hecho, esta película incluso convierte en más que respetable la propuesta continuista de Bryan Singer -Superman Returns (2006)- ya que ésta, por lo menos, pretendía contar una historia. 



lunes, 17 de junio de 2013

Dr. Horrible's Sing-Along Blog (Joss Whedon, 2008)



Productos de una sociedad viciada by Daniel Reigosa





Título original: Dr. Horrible's Sing-Along Blog | Año: 2008 | Duración: 45 min. | País: Estados Unidos | Director: Joss Whedon | Guión: Joss Whedon, Maurissa Tancharden, Jed Whedon, Zack Whedon | Música: Jed Whedon, Joss Whedon | Fotografía: Ryan Green | Reparto: Neil Patrick Harris, Nathan Fillion, Felicia Day, Simon Helberg | Productora: Mutant Enemy Productions

Cuando uno se enfrenta a una obra del polifacético Joss Whedon (director, autor de cómics, guionista, compositor) sabe de antemano que la originalidad, la creatividad, el humor con un cierto toque friki y absurdo, la calidad y el compromiso con el espectador estarán presentes. Lo ha demostrado tanto con proyectos ambiciosos como Los Vengadores (The Avengers, 2012), con series de culto como la magnífica Firefly (2002-2003) o con proyectos más modestos como esta Dr. Horrible´s Sing-Along Blog (2008) que nos ocupa.

Esta miniserie se nos presenta como una especie de musical absurdo con un fracasado supervillano de protagonista, Dr. Horrible (Neil Patrick Harris, How I Met Your Mother), que contesta cartas de seguidores en un videoblog (motivo principal de sus fracasos) y que necesita hacer méritos para entrar en la Malvada Liga del Mal, dirigida por el maligno Caballo Loco (genial la aparición de éste). Pensada en sus inicios para su distribución en la red, surge como respuesta a la huelga de guionistas que durante el bienio 2007-2008 azotó la industria cinematográfica norteamericana y que, todo sea dicho, contribuyó de manera notoria a la inyección de calidad que experimentaron las series de TV estadounidenses. Whedon rueda ente amigos, con un bajo presupuesto, un producto sólido que sirve como prueba fehaciente de que el dinero no es condición sine qua non de la calidad.

Ante la avalancha de megalómanas superproducciones de superhéroes que arrasan las carteleras desde el 11-S, esta comedia en tres actos se alza como una antítesis, una sátira profunda sobre la hipocresía y el papanatismo de la sociedad americana (y por extensión el resto de sociedades occidentales), recalcando la vulnerabilidad actual de valores y la aceptación colectiva de un discurso fácil y digerido, promovido en parte por los mass-media, evitando así una necesaria reflexión ante lo que nos rodea. Cuestiona también la presunción automática de valores clásicos en la figura del superhéroe (los buenos), es decir, justicia, desinterés o humildad, denotando así la peligrosidad e invalidez de los juicios y prejuicios prematuros.

La historia es sencilla y llena de contrapuntos con las películas de superhéroes. El primer contrapunto está, inevitablemente, en centrar en el personaje del villano todo el peso narrativo del relato. Se trata de un supervillano atípico: con alter ego (el sensible Billy); provisto de ayudante (un misterioso hombre cuyo poder es la asombrosa capacidad de sudar mucho, que sirve como ácido reproche al “vale todo” en la cultura de los superpoderes); enamorado de una chica normal, Penny (Felicia Day, Buffy Cazavampiros); y al que se le pueden atribuir cualidades más bondadosas que a su Némesis, el Capitán Hammer (Nathan Fillion, Firefly), un superhéroe sin alter ego, interesado y tremendamente vanidoso. Dr. Horrible lo define como “herramienta corporativa”, en un claro ataque al uso de este tipo de personajes, en la industria cinematográfica actual.

El segundo contrapunto lo encontramos en el propio elemento formal del relato. Se trata de un musical con canciones no carentes de humor absurdo (este tipo de comedia la desarrollarán posteriormente de manera magistral los Flight of the Conchords) y repleto de una buscada sensación de “cutrerío” frente a las adineradas y tridimensionales superproducciones hollywoodienses.

El último contrapunto lo encontramos en el magnífico final, ya que no se trata del clásico “final feliz” -a pesar de que Dr. Horrible parece conseguir su propósito-, ya que en el último plano se puede observar la tremenda infelicidad del personaje. No siempre alcanzar tus metas profesionales lleva asociado una sentimiento de plenitud, como se nos quiere hacer ver desde, por ejemplo, el mundo publicitario.

En resumen, una ácida sátira sobre la sociedad actual y su entorno, disfrazada de musical absurdo de superhéroes, con unos personajes genialmente compuestos e interpretados, que sorprende por conseguir su objetivo con una duración tan limitada (consta de 3 actos de 15 minutos cada uno). Muy recomendable.

Podéis verla subtitulada en español pinchando


martes, 11 de junio de 2013

Ser o no ser (Ernst Lubitsch, 1942)






Título original: To Be or Not to Be | Año: 1942 | Duración: 99 min. | País: Estados Unidos | Director: Ernst Lubitsch | Guión: Edwin Justus Mayer (Historia: Melchior Lengyel) | Música: Werner R. Heymann | Fotografía: Rudolph Maté (B&W) | Reparto: Carole Lombard, Jack Benny, Robert Stack, Stanley Ridges, Felix Bressart, Lionel Atwill, Sig Ruman, Tom Dugan, Charles Halton, George Lynn | Productora: Romaine Film / Alexander Korda|


La duda universal
“Ser o no ser: esa es la cuestión”, planteaba Shakespeare en boca del Príncipe Hamlet en el ultra famoso soliloquio. Hamlet pronuncia estas palabras tras la visión del fantasma de su padre, que le revela que había sido asesinado por su propio tío, en complot con su madre tras haberle sido infiel. Hamlet se cuestiona así el SER, cumplir su venganza y matar a su tío, lo que le convertiría en asesino; o el NO SER, es decir, no hacer nada.

Tras el visionado de la magnífica película dirigida por Ernst Lubitsch, Ser o no ser (To Be or Not to Be, 1942), queda claro que el título no está escogido al azar. En el filme del director berlines tienen cabida las infidelidades, las tramas de asesinato y los engaños. Los personajes, cuidadosamente tratados, también tienen que hacer frente a la duda en sus acciones. El SER implica la toma de decisiones, hacer frente a las adversidades, es el paso que deben dar los valientes. Y en este caso los valientes son una compañía de teatro, la última esperanza de la resistencia para acabar con un respetado profesor polaco (Prof. Siletsky, interpretado por Stanley Ridges) que decide traicionar a su pueblo y colaborar con los nazis, tras la repentina (y sorpresiva) invasión de Polonia por parte de las tropas del Führer.

Heil Myself!
La película, en un brillante inicio cargado de ironía y humor, comienza su narración en la apacible vida de la Polonia pre-invasión, centrándose en los personajes de una compañía de teatro liderada por Joseph y Maria Tura (Jack Benny y Carole Lombard) que, casualmente, están ensayando “Gestapo”, una obra de teatro crítica con el nazismo. Cabe destacar de este inicio el fantástico momento en que el actor que representa el papel de Hitler, grita “Heil Myself!” al responder al saludo convencional nazi de “Heil Hitler”, desvelando el director el tono que va a ir adquiriendo la película.

La invasión polaca y la aparición de un joven piloto enamorado de María Tura y que sospecha de los oscuros planes del Prof. Siletsky, provocará que los actores de la compañía teatral se revelen como parte clave para el éxito de la resistencia polaca. A partir de este momento, la película se articula como una ingeniosa sátira antinazi, en la que el guión fluye como pocas veces se ha visto en el cine. Una maquinaria perfecta donde todas las escenas son necesarias y los chistes se suceden de manera magistral. Lubitsch se atreve con todo: el régimen disciplinario y totalitario, la cadena de mando, la propaganda con mensaje e incluso con la figura del propio Hitler.

La película está repleta de ironías, dobles sentidos y el característico “toque Lubitsch”, utilizando el ingenio para dejar entrever las insinuaciones sexuales de los personajes, esquivando así la tijera de la censura americana.



Arriba el telón
El teatro se convierte aquí en una constante metáfora de la vida, reflejando el día a día e incluso la muerte (el Prof. Siletsky muere en el escenario cuando se levanta el telón). En un continuo juego de repeticiones, el director alemán anticipa las reacciones de los personajes mediante la representación de los actores de la compañía, dejando en el aire la reflexión de que somos actores de nuestra propia vida.

Lubitsch también saca tiempo para satirizar un mundo que conoce bien, el de los egos y excentricidades de los actores y la pérdida de importancia y respeto a la figura del director. El vanidoso Joseph Tura es el conejillo de indias que usa el director para desahogarse y se encarga de dejar claro que el actor es sólo una parte más del engranaje final. Por el contrario, los secundarios se vuelven a erigir en parte importante de las películas de Lubitsch, destacando principalmente Greenberg (Felix Bressart) mediante el cual el director expresa las ambiciones de la clase media, en este caso la representación del monólogo de Shylock.

La escena final (nuevamente en el teatro) arroja una moraleja un tanto pesimista con el ser humano: la vida (el teatro) continúa mientras que las personas raramente cambian. Ernst Lubitsch firma una obra maestra, que parece más fresca cuánto más años tiene y que cada visionado aporta nuevos descubrimientos.

Daniel Reigosa

lunes, 3 de junio de 2013

En Otro País, Hong Sang-soo (2012)

De paragüas, botellas de soju y un pequeño faro by Daniel Reigosa






Nota VOSP: 8,5/10

Título original: Da-reun na-ra-e-suh (In Another Country)   Año: 2012   Duración: 89 min.   País: Corea del Sur   Director: Hong Sang-soo   Guión: Hong Sang-soo   Música: Jeong Yongjin   Fotografía: Jee Yunejeong, Park Hongyeol   Reparto: Isabelle Huppert, Yu Jun-Sang, Moon So-Ri, Jung Yu-Mi, Yoon Yeo-Jung, Moon Sung-Geun   Productora: Jeonwonsa Film Co.

Hemos tenido que esperar un año para que En otro país, la película del director Hong Sang-soo se estrenase en España tras su paso por el festival de Cannes de 2012. De hecho se trata de la primera película del director coreano que llega a las carteleras españolas -sin duda uno de los grandes olvidados del panorama actual-, que viene avalada por la presencia de la actriz francesa Isabelle Huppert.

Hong Sang-soo propone un divertido juego de repeticiones e interacciones al espectador con esta película. A través de los guiones que escribe una chica en una habitación de un hotel, el director nos propone tres historias con varios elementos comunes entre ellas: objetos materiales (botella de soju, paraguas), personajes (socorrista, la chica del hotel), diálogos y planos. En todas ellas la historia se inicia con la llegada a un pequeño pueblo pesquero coreano de una mujer francesa llamada Anne (magistralmente interpretada por Isabelle Huppert).

Las historias fluyen al ritmo al que escribe la joven guionista, incluso rectificando ideas sobre el papel (como la escena de la segunda historia que transcurre a la orilla del puerto mientras Anne espera a su amante) y utilizando elementos de su entorno, como el hotel o su propia madre.
Al director coreano le hacen falta pocos recursos, pero muy bien escogidos, para definir a sus personajes (especialmente Anne). El uso de la climatología, la vestimenta o la interacción con los elementos comunes (interrelacionados en todas las historias), bastarán como elementos narrativos y definitorios de la personalidad de los personajes en cada historia.

Anne pasa de ser una directora bohemia e independiente (con una ropa elegante y sofisticada) en la primera historia, a una vivaz, ingenua e infiel esposa en la segunda (con un sensual vestido rojo), para acabar siendo una mujer despechada, en crisis y consentida (con un vestido de color triste).
Resulta magistral el uso del personaje del entrañable socorrista (siempre con la misma indumentaria, potenciando la idea de personaje invariable en las tres historias), cuyo encuentro con Anne (siempre de la misma manera) servirá al director (en la piel de la joven guionista) para experimentar con el personaje de Anne, poniéndola a prueba, observándola cuidadosamente y provocándole diferentes reacciones, en una especie de catarsis emocional.

Junto a todo este puzzle atemporal, construido meticulosamente, el director saca tiempo para hacer una profunda reflexión sobre la fragilidad de las relaciones personales, condimentada por la dificultad de entablar una relación amorosa (aquí el idioma), los celos o la búsqueda de la espiritualidad.


En definitiva, una película divertida, bien construida y estructurada, en apariencia simple pero de enorme complejidad, que supone un reto al espectador (preocupado por encontrar los elementos comunes en cada historia) y que refuerza la idea de necesidad de búsqueda constante del placer (aquí un pequeño faro). Maravillosa.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Cannes desde la distancia



Cannes 2013 ya ha terminado. Un año más siguiendo intensamente desde la distancia uno de los mejores fesivales cinematográficos en cuanto a calidad. Me han quedado ganas de ver muchísimas películas, el problema será, como siempre, su proyección en España ya que supemanes, coches, disparos y diálogos absurdos coparán la cartelera de la mayoría de salas de este país. Salvo directores como los Cohen o Polanski, con tirón comercial, el resto de filmes tendremos que esperar a ver su aceptación en países más avanzados culturalmente que nosotros para que podamos disfrutarlos (ya sabemos lo cuesta proyectar cine subtitulado). Sólo hay que recordar lo que tardamos en ver Amour en la gran pantalla tras haber ganado la Palma de Oro 2012.

La Palma de Oro 2013 se la ha llevado La vie d'Adèle del director tunecino Abdellatif Kechiche, de forma muy merecida según público y crítica. Pocas veces he visto tantos comentarios positivos de gente con opiniones cinematográficas tan diversas. La película está inspirada en un cómic ("El Azul es un Color Cálido"), y narra la relación lésbica entre dos jóvenes adolescentes, y a todo lo que se tendrán que enfrentar para sacar adelante su vida. Todo el mundo destaca el espectacular papel de las dos actrices, las francesas Adèle Exarchopoulos y L'ea Seydoux y, sobre todo, la capacidad del director para rodar escenas sexuales tan reales y rebosantes de sensualidad, con un lenguaje muy distante de lo que nos llega al otro lado del Atlántico, y que nunca se atrevería a mostrar.

El Gran Premio del Jurado se lo ha llevado Inside Llewyn Davis de los hermanos Cohen, que narra la vida de un joven cantante de folk a principios de los años 60. Supongo que su estreno en España no se hará esperar, debido a la importancia y notoriedad de sus directores.

El Premio Internacional del Jurado ha caído en manos del director japonés Hirokazu Kore-eda y su película Soshite chichi ni naru (Like Father, Like Son), en la que un acontecimiento cambiará por completo la plena vida que parece lelvar una familia asentada de clase media-alta japonesa.

Aparte de estas tres películas -que espero pronto podamos disfrutar en nuestras grises carteleras-, el festival de Cannes ha dado mucho más de sí. Tengo muchísimas ganas de disfrutar de los nuevos trabajos de Asghar Farhadi, Le Passé (El Pasado) que, tras la fantástica y oscarizada Jodaeiye Nader az Simin (A Separation) ha dejado el listón muy muy alto y del "cirujano" François Ozon (Jeune et Jolie) que vuelve a poner su bisturí sobre la clase media francesa (y con muy buenas críticas), como ya hizo un año antes en Dans la Maisôn.

Han salido airosas también las películas Nebraska de Alexander Payne, Only Lovers Left Alive del gran Jim Jarmush, Only God Forgives de Nicolas Winding Refn, Borgman del holandés Alex van Warmerdam o La Grande Bellezza del italiano Paolo Sorrentino (que ha generado discordia, aunque más aplausos que abucheos)

Otros premios del festival han sido:

Mejor director: Amat Escalante por su película Heli (México)
Mejor actor: Bruce Dern por Nebraska (Estados Unidos)
Mejor actriz: Bérénice Bejo por Le Passé (Francia)
Mejor guión: Jia Zhang Ke por Tian zhu ding (A Touch of Sin) (China)


viernes, 24 de mayo de 2013

Stoker (Park Chan-wook , 2013)

La potencia visual sin guión no sirve de nada by Daniel Reigosa





Título original: Stoker Año: 2013 Duración: 98 min. País: Estados Unidos Director: Park Chan-wook Guión: Wentworth Miller Música: Clint Mansell Fotografía: Chung-hoon Chung Reparto: Mia Wasikowska, Matthew Goode, Nicole Kidman, Jacki Weaver, Dermot Mulroney Productora: Fox Searchlight Pictures / Scott Free Productions



Nota VOSP: 4,0




Ya es una costumbre que a los directores de más peso en Europa y Asia se les ofrezca un proyecto ambicioso (me refiero a más dinero) para revitalizar el decadente y sin ideas universo Hollywood, y también es costumbre que estos proyectos fracasen estrepitosamente, sobre todo a nivel de calidad, (no tanto de taquilla), recordemos casos como el de Michael Haneke y su horripilante remake de la inquietante Funny Games. Exceptuando a Ang Lee, reciente ganador del Óscar a mejor director por La Vida de Pi (Life of Pi, 2012), cuyo lenguaje se acerca más a lo demandado por el gran público, sin tener que fallarse a sí mismo. 

Tras la repercusión que generó en su día Oldboy (2003), Hollywood se encaprichó de este director que convertía la violencia en un espectáculo de color y buen gusto -no deja de ser curioso que a la vez que el director coreano estrena nuevo proyecto bajo la producción americana, un director americano (Spike Lee) se lance a hacer un remake de Oldboy-. 

Pues Park Chan-wook ha hecho exactamente lo que se esperaba que hiciera (o por lo menos yo), es decir, una buena película en el plano visual (en eso los coreanos son auténticos maestros, no hay más que revisar la filmografía de Kim Ki-duk), pero floja en lo demás. 

La película genera un clima muy interesante, atemporal (cuando crees que está ambientada en los años setenta te sorprende con un teléfono móvil), con una desaturación de los colores muy acertada. La potencia de ciertas escenas es arrolladora y la genialidad del director queda patente en algunos cambios de escena absolutamente geniales y realizados con un gusto exquisito. El uso del sonido como narración, muy al estilo de Darren Aronofsky, es una delicia y te mete en las escenas sin darte cuenta. Genial la escena de la cena con su tío mientras beben una copa de vino o la sensual escena de la ducha.

Y hasta aquí las virtudes, ya que el resto flojea por todos los lados, empezando por el guión, muy previsible y mal construido.  En este aspecto, el novato Wentworth Miller (más conocido por su papel de hermano guapo de Prison Break) tiene mucha culpa, le falta consistencia y, sobre todo, ritmo. En la película no hay espacio para la imaginación, te lo dan todo masticado y eso es un error gravísimo en una película de este género.

La película no consigue enganchar (por lo menos a mi, ya que estoy leyendo críticas bastante favorables), te deja frío y encima los actores no ayudan demasiado -Nicole Kidman aparte, que después de las miles de operaciones ya no se sabe si ríe o llora-. Una decepción del un director del que se podía esperar más, ya que su lenguaje es muy del estilo del gran público y que tras lo visto en Oldboy podría dar mucho juego en la sosa industria hollywoodiense pero, eso sí, en Oldboy contaba con un guión.


martes, 23 de abril de 2013

La caza (Thomas Vinterberg, 2012)

La manipulación del ser humano como masa by Daniel Reigosa



Título original: Jagten (The Hunt)
Año: 2012
Duración: 111 min.
País: Dinamarca
Director: Thomas Vinterberg
Guión: Thomas Vinterberg, Tobias Lindholm
Música: Nikolaj Egelund
Fotografía: Charlotte Bruus Christensen
Reparto: Mads Mikkelsen, Alexandra Rapaport, Thomas Bo Larsen, Annika Wedderkopp
Productora: Zentropa Entertainments


El cine escandinavo siempre se ha caracterizado por ser un cine frío, desmenuzando concienzudamente la condición humana para mostrar sus miserias y sus virtudes. Remontándonos a Bergman y Dreyer, o incluso a Victor Sjöström (del que, por cierto, no consigo demasiado material), hasta la nueva oleada de cineastas que volvió a poner al cine escandinavo en general y el danés en particular en el mapa con el movimiento Dogma 95 (Lars Von Trier y Thomas Vinterberg), los temas tratados mantenían una coherencia maquillados con las nuevas coyunturas de los tiempos.

Thomas Vinterberg, ya alejado del voto de castidad impuesto por el movimiento Dogma 95, nos trae una película que invita a reflexionar sobre, principalmente, el comportamiento del ser humano en masa. La acción la sitúa en un pequeño pueblo danés, en el que los lugareños comparten la afición por la caza (no se trata de un hobbie elegido al azar), pero bien podía situarse en una casa cualquiera con una familia cualquiera de clase media sentada delante de un televisor.

Reflexiona sobre la fiabilidad de las fuentes, de cómo un rumor contado en el momento exacto por la persona indicada (en este caso una niña, los niños siempre dicen la verdad) puede hacer tambalear la vida de una persona (o, extrapolando, de una sociedad, de un país). 

Mads Mikkelsen interpreta (de manera soberbia) a un encantador profesor de guardería (Lucas), al que los niños adoran. La hija de su mejor amigo, de nombre Klara (interpretada de manera sorprendente por su fuerza expresiva por la jovencísima Annika Weddwekopp) se encapricha con él y el hecho de que sus padres estén siempre discutiendo, le ayuda a acercarse más a Lucas. Pero un día decide inventarse una historia de abusos sexuales, sin ser demasiado consciente,  que su profesora Grethe cree a pies juntillas (más bien por la necesidad de creer que por las pruebas en sí). A partir de aquí Vinterberg analiza con sumo detalle cómo se extiende el tumor dentro de la pequeña población y, cómo la gente empieza a cambiar su relación hacia el pobre Lucas. Y digo pobre Lucas porque el director, aunque quiera envolver la película con una capa de objetividad, sin juzgar, nos acaba posicionando claramente a favor del protagonista, evidenciando su inocencia (conocemos la verdad), lo que supone una manipulación en sí misma también y un complemento a su genial discurso (incluso experimentamos un amargo sentimiento hacia la niña). 

Vinterberg no entra en aspectos legales, las visitas al juzgado o consultas con el abogado se realizan fuera de cámara, al director no le interesa ese aspecto (demasiado fácil), sino en el comportamiento de los habitantes del pueblo hacia Lucas, con una ira creciente e irreconocible en una sociedad como la danesa. Incide sobre cómo nos ve la sociedad, en la mirada humana, en el rumor, en cómo se extiende y en cómo somos capaces de condenar a un hombre basándonos en lo que oímos, sin comprobar las fuentes (ni la directora se preocupa en hablar con él). Creemos lo que queremos creer y sólo hace falta que alguien corrobore nuestra historia. Es lo que pasa en ese apacible pueblo, tan aburrido que, inconscientemente, la gente necesita un aliciente, desea "carnaza".

Una increíble y sobrecogedora película que te dejará una sensación extraña, donde el director se reafirma en que el poder del hombre como masa es más fuerte que cualquier verdad y una vez insertado el virus, el autoconvencimiento y la necesidad harán el resto, de forma que ya no haya vuelta atrás, porque como bien dice la madre de Klara cuando ésta quiere confesar: "No hija, sé que pasó de verdad, sólo lo dices para olvidarlo", ya estamos infectados.


Nota VOSP: 8,4


lunes, 15 de abril de 2013

To the Wonder, Terrence Malick (2012)

 Un filme que se proyecta en tu mente by Daniel Reigosa





Título original: To the Wonder
Año: 2012
Duración: 112 min
País: Estados Unidos
Director: Terrence Malick
Guión: Terrence Malick
Música: Hanan Townshend
Fotografía: Emmanuel Lubezki
Reparto: Ben Affleck, Olga Kurylenko, Rachel McAdams, Javier Bardem, Tatiana Chiline, Charles Baker, Romina Mondello
Productora: Magnolia Pictures / FilmNation Entertainment / Redbud Pictures



Si hay un director en la actualidad que genere discordia entre crítica, público e incluso entre colegas de trabajo, ese es Terrence Malick. Con El Árbol de la Vida (The Tree of Life, 2012) algunos lo encumbraron al olimpo de los directores, tildaron la película de obra maestra, mientras otros no daban crédito a lo que consideraban un insulto al espectador. Pues bien, el bueno de Malick lo ha vuelto a hacer con su nueva película.

To The Wonder supone una continuidad con su predecesora, aunque en términos más mundanos. Si en El Arbol de la Vida se abordaba la idea de la creación del universo (de la vida), un concepto colosal que lleva abordando y preocupando a Malick los últimos años y que se ha convertido en el epicentro de todos sus proyectos, en su último filme se centra más en la relación de las personas con su entorno, conceptos que abarcan desde la religión, la naturaleza, los seres queridos o los desconocidos.

Las películas de Malick suelen suponer un esfuerzo para el espectador, que se ve obligado a reflexionar sobre temas existencialistas mientras en la pantalla se muestra la interacción de varios personajes sin un guión fijo y que deben servir como mero apoyo, como un simple balcón en el que apoyarse para poder mirar al horizonte de una manera más cómoda. 

No obstante, en esta entrega el discurso global pierde fuerza, baja intensidad en lo trascendental y muestra una visión en la parte espiritual demasiado adoctrinadora. Sin embargo, en lo que a relaciones personales se refiere, Malick acierta plenamente. Muestra unos personajes que nos resultan ajenos a nuestro entorno pero que, casi sin hablar (no recuerdo que Ben Affleck diga más de dos líneas en todo el filme), y sólo con gestos y miradas entendemos a la perfección, sabemos por lo que están pasando y no podemos juzgarlos por lo que hacen porque conocemos (o creemos conocer) todas los pensamientos y acciones que les han llevado a actuar de cierta manera.

La ausencia de un guión narrativo obliga al espectador a crear su propia historia, las imágenes ayudan simplemente a imaginar lo que se nos está proponiendo. Quien asiste a una película de Malick esperando una historia cerrada sobre un tema en concreto, aunque sea más o menos coherente, se equivoca por completo. Malick invita a pensar, a dejarte llevar entre sus imágenes oníricas, a razonar los comportamientos de sus personajes o incluso a identificarte con ciertos recuerdos y llevar a cabo un proceso nostálgico que se puede distanciar totalmente de lo que está ofreciendo el filme. La película no se proyecta en las salas de cine, se proyecta directamente en tu mente, en tus recuerdos y vivencias.

En el plano técnico Malick vuelve a sorprender, aunque reutiliza muchos de los conceptos que nos fascinaron a unos e irritaron a otros en su película anterior. Juega con la cámara, con el espectador, con lo que ve, abordando todos los temas de la manera más objetiva posible, ofreciendo todos los detalles, los necesarios y los no necesarios pero que ayudan a situar a cada cosa en su sitio. Planos cortos, a veces simplemente fotografías en movimiento, que se intercalan a modo de recuerdos, sentimientos o que fuerzan al espectador a rebuscar en la mente situaciones similares. Cosas tan simples como acariciar un campo de trigo o seguir a una persona que de vez en cuando se gira para incitarte a acompañarla, son extraordinarias y generan multitud de sensaciones diferentes en cada espectador. 

La edición es milimétrica -no en vano se trata de un trabajo de dos años y medio-, mezclando voces en off con voces "en directo", intercalando planos de lo que se podría denominar la "historia principal" con planos fotográficos de recuerdos o postales oníricas de la naturaleza viva. Y para potenciar esto, Malick usa una fotografía, natural...la luz del sol como protagonista absoluto, sólo hay luz cuando el sol ilumina sumiendo todo lo demás en una oscurridad irrelevante. Todo ello da como resultado un cocktail de sensaciones que estimulan la imaginación del espectador, llevándole por los rincones de aspectos de su propia vida.

Pero para eso el espectador debe querer experimentar esa sensación, si no las casi dos horas que dura la película se le harán eternas e infumables. Como bien dijo una mujer a su marido a la salida del cine: - "Menudo coñazo, no me vuelvas a traer a un bodrio de estos, me he quedado dormida". Y es que el cartel engaña y la historia es lo de menos.

Nota VOSP:  7,9 / 10


martes, 12 de marzo de 2013

Listado de Series de Televisión



Volviendo con las listas..... Una de series, que en estos momentos, ofrecen probablemente mucha más calidad cinematográfica que el 90% de las películas de cartelera. Me atrevo a decir que hasta están en riguroso orden...Cuáles son las vuestras???



















1. The Wire (HBO)

2. The Sopranos (HBO)
3. Band of Brothers (HBO)
4. Six Feet Under (HBO)
5. Breaking Bad (AMC)
6. Game of Thrones (HBO)
7. Firefly (FOX)
8. Twin Peaks (ABC)
9. Lost (ABC)
10. Deadwood (HBO)


Sí, he dejado fuera series como Boardwalk Empire (a pesar de la fabulosa tercera temporada), Mad Men, OZ, Arrested Development, Dexter, Freaks and Geeks,The Office (UK y USA) o Sherlock, todas merecedoras de entrar en los top, pero he tenido que meter Lost por la de horas (y años) de entretenimiento que me ha dado